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martes, 19 de octubre de 2010

Isis (Lado A)

Isis


Supe que era una ninfa de mente lucida, ajena a creencias, a supersticiones o habladurías. Una mente libre, entrenada en la lectura, entregada al amor por las letras.

Cuando nos veíamos, cuando salíamos a caminar, había mucho de tan poco que todo resultaba suficiente, provechoso, no nos ahogábamos en pensar a quien le tocaría decir una humorada para que el otro riese, ambos cómplices sin rumbo definido echábamos risas en los surcos de cemento, frente a las luces de neón y la publicidad atosigante en las calles que vende hasta el aire.

Pensábamos y poco decíamos, había tanto de que hablar pero preferíamos el silencio complice, caminar cogidos de la mano era un mejor lenguaje, el que apoyase su cabeza sobre mi hombre ramillete de las mejores palabras y que yo la besara era cantar en nuestro idioma artificial, intimo, indescifrable, formula aún no revelada, la afinidad por alguien, el cosquilleo en la nuca, el nudo en la garganta, las mariposas en el estomago.

Isis iba por el camino pedregoso, corría, saltaba, jugueteando con las mariposas, esquivando a los zancudos, golpeando a las avispas, sonriendo con los lirios y margaritas, para luego terminar huyendo despavorida al ver un abejorro volar directamente hacia sus ojos. No vivía un paraiso aparente, vivía en la urbe como todos, entre sonidos de bocinas, de cables tendidos casi hasta el suelo, de sangre humo emergente de fumadores compulsivos, de mentiras repetitivas en proceso de purificación secando en quioscos, de falsedades con sus mejores vestidos, de publicidad y de consumo, sin lluvia ni cielo azul, sin humanidad pero con mucho hombre.

Su caminar siempre fuera de ritmo, convertía escenarios adversos en aventuras extrañas, temeraria enfrentaba los peligros con gallarda ingenuidad y despreocupada caminaba cruzando su paso con mal pensantes, delincuentes desinhibidos, enfermos mentales y uno que otro peatón tan vulnerable como ella pero alerta.

Isis no temía, llevaba consigo un peso mayor al temor, el de la curiosidad. Develar los secretos de las calles, los rincones menos conocidos, los parques bastante escasos era su deseo impostergable. Conocía de restaurantes, de librerías, de cafés, quioscos, ambulantes, monumentos, museos... todo cuanto el común transeúnte casi ni se entera.

Jugaba con cuanto columpio se encontrase, trepaba por las barras paralelas, hablaba con extraños, leía en los parques, sonreía cuanto rostro confundido se le cruzara, angel que me costaba entender, pues en mi muy pensada existencia, me sumergía en ideas contrarias, la dialectica perpetua, la indecisión y la malsana inacción...

Isis terminar estas lineas por más que quisiera no debo ¿será la practica la que logre replicarte quizas como en mis recuerdos? ¿serán las ganas?

Licencia de Creative Commons
Isis (Lado A) by Eloy Munive Pariona is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.5 Peru License.

lunes, 8 de febrero de 2010

Retorno 1

Empezaré este breve escrito repitiendo lo que una noche, no hace mucho puse en mi nick en el msn: "Cuando una persona hace una cosa soberanamente estúpida, siempre la hace por los más nobles motivos." No soy autor de esto que bien escrito esta, pero me hubiese encantado escribir cosa parecida, o quizas esa otra gran frase "Es muy difícil no ser injusto con lo que uno ama". Pero a que voy con estas dos simples frases que a mi parecer resultan dos verdades aplicables a mi realidad. Voy a que fui injusto y que lo seguiré siendo, a que hice cosas soberanamente estúpidas, una tras otras, y cuando pensé que alguna buena estratégia eclosionaba, me salia una autoemboscada, un intento casi suicida. Fue allí, en lo mas hondo de lo que pensado pudo estar, que me di cuenta de que estaba embelesado, obnubilado con una damisela de raros procederes, alguien que lo daba todo sin aviso, pero que fuera de tono y patrón definido te quitaba hasta lo que no dio. Era un ángel rebelde, de los más bellos, con los ojitos dormilones y una sonrisa ingenua, me encantaba cuando me respondía negativamente, era una mezcla de convencimiento inquebrantable con un pisca de duda que invitaba a convencerla y cuando de sus besos yo gozaba hasta lo bailarín me salia.

No pedía escritos, pero se los daba, no pedía canciones, pero para ella yo cantaba, no recuerdo que me pidiera algo cuando ella me queria cerca suyo, las peticiones, las reconsideraciones vinieron luego, junto con la noche adelantada, con el atardecer nublado, con el cielo gris aniquilador de la noche, seco, oscurecido, eso fue todo lo que represento su partida.

Y sin querer hoy estoy escribiéndole, indirectamente, escondido pero valeroso desde este blog. Ya no es una carta que llegue a su puerta, ya no es un e-mail más por leer, es un testimonio abierto, palabras esparcidas al viento que me gustaría que ella leyera, y de imaginarlo la emoción me quita el sueño , el cansancio de casi 11 horas de trabajo, de muchos días sin pena ni gloria... Me encantaría tener esa imagen en mi mente, viéndola leer algún escrito mio, cogiendo con una mano una hoja lastimada de tanto doblez, con la otra apoyar el pulgar sobre sus labios dibujandose con los dedos una sonrisa, enrojeciéndose las mejillas, respirando para mi...

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Retorno por Eloy Alberto Munive Pariona está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú License .

lunes, 17 de agosto de 2009

Hambre de Palabras

Hermano lobo, sé que anduviste esperando por un comentario mío, así que en la plenitud de mi incapacidad, le dedico a tu ingenio este pobre escrito.

Hambre de Palabras

He pasado noches mágicas, contigo Soledad que me visitas cuando menos te espero. Hoy apareciste mientras me resignaba a no verte más, mientras me entregaba nuevamente al fatalismo de ser como soy, en una vida que nunca fue fatal, sino llena de fortuna.

Seguramente Soledad te encantaría verme con un ademán particular que te indicase cuando es que te espero. A cambio de ello, nunca te deje verme mirar a la luna con un cigarrillo en la mano, quemando el tabaco en los pulmones, lanzando señales de sangrehumo por la ventana. Tampoco me deje ver como El Pensador, petrificado en la desnudez de la contemplación absoluta. Menos posible me ha de resultar apoyar la cabeza cansada de sufrir como Vallejo, mientras ensayaba las lágrimas que le brotarían luego por los dedos, trazos que se sujetaron al papel como la raíz de una higuera se aferra a la vida.

Pero el cigarrillo, Soledad, lejos de apaciguarme, me genera malestar y me pierdo más en los medios que en la finalidad. La postura de ”El Pensador” de Rodin me genera incomodidad,y últimamente me saturo con prendas como para mantenerme desnudo sin saber si haz de venir . Esperarte no es como estar a las puertas del infierno, aunque a veces resulta ser desesperante.

Pero para que dar señales Soledad, Vallejo no usaba esa ya sabida postura para llamarte, solo detenía por momentos su mirada puesta en la realidad. Su instinto de poeta, de indisciplinado lo obligaban a descansar en su afán por conocer lo que terriblemente nos toca vivir como hombres con hambre y sin humanidad.

¿Para qué una señal?, si te tengo cuando menos te pido, pero quizás esos sean los momentos más exactos, cuando el enigma se resuelve, cuando la arbitrariedad da paso al discurso. La soledad no equivale a evitar la compañía Soledad, es esperarte, para así esperar juntos luego mi llegada, quizás llegue con algún regalo para nosotros, quizás sin nada.

Allí donde suelo perderme, en el mundo de las ideas puras, no existen las palabras Soledad. Es un mundo donde las ideas se encuentran ya desarrolladas pero donde no se puede pensar, y por más que esto se intente, el pensar te lleva a no pensar en nada Soledad,

Pero él que te piensa bajo palabras inexactas te tiene mientras esperan y aquel que se pierde en lo ininteligible buscando aquello que no esta extraviado (los absolutos inexpresables, el busilis del que sólo una fracción nos llega con la intuición) nunca te encuentra y sin haberte hallado te pierde. Y te calla en su incapacidad por exponer lo que sabe que existe pero que no puede decir. Por eso es que regreso cuando me visitas Soledad, para pensar en algo, de algo, a propósito de algo.

Para poder existir conforme te pienso con palabras, dejare de ser ese mochilero de lugares tan lejanos, el campeador de cuanto misterio haya que derrotar, el salmón para el que no existe embravecido rio ni buena muerte que sobrepasar. Me quedaré más en lo cercano, dejare el éxtasis angustioso de un largo proceso indagatorio en su resolución, por la no menos difícil tarea del logos.

Hoy ha nacido en su muerte el huérfano de ideas complejas, hoy se engendró el malnutrido pensador hambriento de palabras, hoy su hambre voraz es más que su ausencia de humanidad como hombre que es. Quizás en esta nueva tierra baldía te encuentre Soledad… quizás allí me encuentre.

Eloy Alberto Munive Pariona

Creative Commons License
Hambre de Palabras by Eloy Alberto Munive Pariona is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.
Based on a work at dimemas.blogspot.com.

lunes, 12 de enero de 2009

Lucky

Lucky

Como todo ser humano, o como la mayoría de seres humanos, alguna vez tuve un vicio. Uno de aquellos que guarda en su quid el real significado del vicio, aquel que te llama al consumismo de él, sin saber porqué, como y cuando. Un vicio que te encapsula en una irrealidad insospechada, en una necesidad descabellada, así de trémulas y adictivas fueron alguna vez mis ganas por fumar.

He de aceptar que en estos azares, no todo iba mal, pues no se trató de una frívola pasión sino de un pacto secreto entre nos, ya que a cambio de su consumo el tabaco muchas veces me brindaba placeres gratificantes, me sumía en letargos y calmas casi siempre necesitadas; si alguna vez estaba intranquilo y buscaba sosiego, sería “Ella” quien me ayude y calme. ¡Pues sí! sería “Ella”; y digo “Ella” ya que para aquellos tiempos los cigarrillos se habían transfigurado y ahora convirtiéronse en mujer.

Consecuente con mi animista perspectiva me propuse dejarla alguna vez, pues era consciente que aunque me brindara calma, sosiego, alguna que otra vez inspiración y reminiscencias generalmente; era muy perjudicial para mí. En ese afán me prometí que habría de dejarla, pero no con la crueldad de quien se despoja de una prenda desgastada, sino con la pasión de quien alguna vez le dice Adiós a una buena amante. Me propuse entonces dejarla algún día, sin fecha concebida, pero el día que lo hiciera por lo menos sería entre copas y haciendo algún tipo de celebración, una suerte de fiesta de despedida por la amiga que se fue. Todo esto me lo propuse muy convencido y si a alguien le cabe duda que no le quepa pues era en serio, muy en serio.

Una noche de aquellas en que buscaba tranquilidad y necesitaba escribir, cogí su cajetilla, la tomé como de costumbre y la encendí sin ceremonias ni cortejos; pero algo andaba mal, las cosas no estaban bien, ella me supo horrible y apestó mis respiros con un olor repugnante… su olor repugnante. Aquella noche decidí abandonarla pues sentí que fue suficiente y no deseaba decir que fue demasiado. Esa noche sin pensar ni premeditarlo tuve que decirle adiós y aún no concebía abandonarla así; me dolía pensar que tendría que decirle adiós como si nada, intenté como aliciente a mi pena tratar de guardar la última colilla, pero no pude, pues en mi intento de introducirla en la billetera ella cayó y El Viento Decidido dio un soplo feroz, que no me permitió cogerla más nunca, cayo por la azotea volando y susurrando el adiós merecido que no le pude dar.

Así nació esta historia y el poema que viene a matarla con el final.



Al placer Humano que abandoné.

LUCKY: “Ceniza en el aire sepultado”

Sin ánimos de despedida hoy te cogí como siempre
Para que seas la de costumbre mi amiga y compañera
Delicada entre tu nívea carne, te abracé con el animo de siempre
Para que te conviertas en el sorbo que relaja mi alma mis cenizas y quimera.

Sin pensar en el acontecer te di un sorbo adicto persistente
Y parecía nunca pues me hiciste más daño que de costumbre
Y ya no calmaste ningún ánimo, sino me hiciste frío me hiciste luz
Y yo el amante de la obscuridad no pude hacer otra cosa que escapar de tu hiel-pus.

Parecía jamás pues ni la primera vez me hiciste esto
Quebraste mi pecho inundándome de un sentimiento imposible
Ya ni quiero recordar a veces porque te detesto…

¡Mi pecho resquebrajado, tu aliento de inframundo, olor despreciable!
Lamento decirlo porque te amé y fuiste mi compañera
Pero hoy te desee menos que nunca
Y hoy, por fin me convencí que el dolor no es amor
Que aquellas noches de dolores, risas y alcohol
Por fin terminaron, ya no me sirves lo siento y no me servirás más.

Al fallo mortal de dejarte te apreté entre tus carnes te aplaste y quise quebrarte
Me hiciste daño te dije, pero tu entre tus sollozos y dolores te resistías a morir.

A la exhumación de tu propio cadáver quisiste escapar refugiándote entre tu luz y soles
Pero no pudiste, porque quiso hoy más la voluntad que nada
Quiso hoy más mi dolor que nada, tenías que morir.

Así te cubrí sobre tus humos reminiscentes
Tratando de abrigarte como ultimo deseo.

Pero el viento…
Tu fiel compañero, hizo el silencio de esta tonada
Te hizo volar dejándote escapar de entre mis dedos
No quiso que te hiciera celebraciones ni funerales como teníamos pactado
Se convirtió en un designio, no pude honrarte: “Cenizas en el aire sepultado”.

Hoy el destino quiso que murieras
Sin églogas ni orquestas,
Hoy moriste… ¡Siendo tú!

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Lucky by Pool Gálvez Munive is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El beso que no nos dimos

Y esperando es que estoy, mientras pienso y repienso una y otra vez tu imagen dibujada en mi mente. Dejando de pensar para luego sentir profundamente y el pensamiento es aniquilado y el sentir es el dominante.

Cojo un cigarrillo y decido acompañar al recuerdo, ese que se va quemando conforme el tabaco va cediendo el elixir que acobarda mis quejas, mi soledad mientras te escribo. Y es que mientras voy aniquilando esta suerte compuesta con recuerdos, es que voy preparándome para seguir esperando, voy ensayando aquel beso que viene contigo, voy pensando cada vez menos y sintiéndote cada vez más.

Y ya en mi cada vez menos pensar y más sentir, es que trato de despegar, de volar al compás de tu pulso, de perderme en tu fragancia, en tu dulzura, en tu elegancia. Verterme quiero sobre tu boca para luego recogerme conforme mis labios se muestren más fieros, volverme humo del cigarrillo que encendí para pensarte será el deseo que ahora tú ansías y en pleno éxtasis hacia tus pulmones, sentenciaré a que te quedes con mi esencia. Luego de aquel tiempo tan solemne regresaré por tu aliento para sumergirme en el cuerpo que va conectado al tuyo, ese que fue antes mío pero que ahora se encuentra lleno de ti. Ambos hicimos el mismo viaje, y ahora ambos no sabemos quienes somos, ni a donde vamos.

Y conforme pasa el tiempo, ya ni siquiera queda la sensación del pasado, sólo queda el silencioso y calmo intemporal que he creado, perdido en la insensatez de haber hecho algo que aun no ha ocurrido, pues cada vez pensé menos y te sentí cada vez más...

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El beso que no nos dimos by Eloy Alberto Munive Pariona is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.

miércoles, 9 de julio de 2008

Sumergido en nuestra utopía

Sumergidos en nuestra utopía




Yo jugaba a estar en una de sus pinturas mientras ella pintaba mi mar de inconciencia, de obsolescencia, de finitud irremediable. Yo sumergido en letras paralelas a estos colores perfectos, grises, violetas, míos, firmando con ideas cada pincelada, tratando de que cada color mío resonara, se evaporara, encontrara su libertad en su mirada. Ella en aquella barca esperando a que esto sucediera, con el tiempo detenido, escuchando el grito de aquella lejana artista, alarido que aun resuena como una segunda conciencia, quejumbrosa y a la vez edulcorante, quimérica e inevitable.


Este mar que para muchos era obsolescente, para mi era la vida misma, y era ella talvez la felicidad prometida, ¡pero no! Era más, era más que incluso ese imponente cielo, era más que la sutura que me selló la mente después de la terrible fractura que me ocasionó la existencia, era más que la lluvia y que incluso la barca por la que navego, más que la procacidad en la que me mantengo, más que la tranquilidad misma de ser ella, mucho más.

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Sumergidos en nuestra utopía by Eloy Alberto Munive Pariona is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.
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