domingo, 23 de noviembre de 2008

El beso que no nos dimos

Y esperando es que estoy, mientras pienso y repienso una y otra vez tu imagen dibujada en mi mente. Dejando de pensar para luego sentir profundamente y el pensamiento es aniquilado y el sentir es el dominante.

Cojo un cigarrillo y decido acompañar al recuerdo, ese que se va quemando conforme el tabaco va cediendo el elixir que acobarda mis quejas, mi soledad mientras te escribo. Y es que mientras voy aniquilando esta suerte compuesta con recuerdos, es que voy preparándome para seguir esperando, voy ensayando aquel beso que viene contigo, voy pensando cada vez menos y sintiéndote cada vez más.

Y ya en mi cada vez menos pensar y más sentir, es que trato de despegar, de volar al compás de tu pulso, de perderme en tu fragancia, en tu dulzura, en tu elegancia. Verterme quiero sobre tu boca para luego recogerme conforme mis labios se muestren más fieros, volverme humo del cigarrillo que encendí para pensarte será el deseo que ahora tú ansías y en pleno éxtasis hacia tus pulmones, sentenciaré a que te quedes con mi esencia. Luego de aquel tiempo tan solemne regresaré por tu aliento para sumergirme en el cuerpo que va conectado al tuyo, ese que fue antes mío pero que ahora se encuentra lleno de ti. Ambos hicimos el mismo viaje, y ahora ambos no sabemos quienes somos, ni a donde vamos.

Y conforme pasa el tiempo, ya ni siquiera queda la sensación del pasado, sólo queda el silencioso y calmo intemporal que he creado, perdido en la insensatez de haber hecho algo que aun no ha ocurrido, pues cada vez pensé menos y te sentí cada vez más...

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El beso que no nos dimos by Eloy Alberto Munive Pariona is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Niebla de soledad

Niebla de la soledad


Heredades del tiempo que no veo, me encuentro un flujo supeditado
Lejos del cielo previsto, me miro y te miro anonadado
Inquieto-natural sin dudas ni preguntas
Me invade la nostalgia por la vida que hoy alumbras.

Y donde estarán aquellas calles que recorría
A donde fueron a parar las mariposas de la vida
Me adelgazo y todo gira, niebla y soledad.

Quisiera sentirme pequeño con las alegrías del amor primero
Pero todo pasó y estoy de pies casi cayendo
Aun al esfuerzo sobre humano me repongo al lindero
Y no la encuentro, no hay mayores sonidos, que el silencio.

Y no hay más, ni un solo camarada, por culpa de los desazones
Y no hay más, ¡que ironía!, por hacer lo que se quiere y quedar sin compañía.

Alguna vez estuve tranquilo con dudas y problemas
Es de nuevo el garbo de la juventud que se disipa
Mas hoy estoy inmóvil, quieto y sin novelas
Ojeras, manos sucias, marcado en cicatriza.

Afán de tonto inconvencido busco por las nubes
No se puede no se puede
Cuantas veces quisiera regresar
Cuantas veces cuantas veces

Busco el tiempo perdido, busco la risa sin sentido
Me encuentro de nuevo en el espejo
Al de hoy que ha crecido, al de hoy que no respira
Y otra vez solo e incomprendido. No se puede, no se puede...

Y el canto unísono que me grita
No se puede, no se quita...
La voz adormecedora que enceguece
Ya quisiera, ya quisiera.

De resultas cansado, triste y viejo:
No se puede no se quita
Ya quisiera… ya se quita.


Aquella vida que alumbraste
Alumbro mi sendero de vida penuria
Ya no seré jamás la razón de tu existencia
Y no será tu nombre quien lleve mis suspiros.

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miércoles, 9 de julio de 2008

Sumergido en nuestra utopía

Sumergidos en nuestra utopía




Yo jugaba a estar en una de sus pinturas mientras ella pintaba mi mar de inconciencia, de obsolescencia, de finitud irremediable. Yo sumergido en letras paralelas a estos colores perfectos, grises, violetas, míos, firmando con ideas cada pincelada, tratando de que cada color mío resonara, se evaporara, encontrara su libertad en su mirada. Ella en aquella barca esperando a que esto sucediera, con el tiempo detenido, escuchando el grito de aquella lejana artista, alarido que aun resuena como una segunda conciencia, quejumbrosa y a la vez edulcorante, quimérica e inevitable.


Este mar que para muchos era obsolescente, para mi era la vida misma, y era ella talvez la felicidad prometida, ¡pero no! Era más, era más que incluso ese imponente cielo, era más que la sutura que me selló la mente después de la terrible fractura que me ocasionó la existencia, era más que la lluvia y que incluso la barca por la que navego, más que la procacidad en la que me mantengo, más que la tranquilidad misma de ser ella, mucho más.

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